No olvidar alimentos en la nevera
Los alimentos no se olvidan por falta de organización. Se llame nevera, refrigerador o heladera, su interior oculta parte de lo que contiene: una compra nueva acaba delante de un producto que ya estaba allí y su fecha deja de estar visible.
Cinco hábitos invierten esa situación: reservar una zona visible para lo que hay que consumir primero, ordenar por fecha y no solo por tipo de producto, respetar las zonas de frío, hacer legible la fecha sin sacar el producto y recibir un aviso en lugar de intentar recordarlo.
La magnitud está medida, y en España la tendencia es favorable. Según el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, en 2024 se desperdiciaron 1.125 millones de kilos o litros de alimentos y bebidas, un 4,4 % menos que en 2023. Los hogares concentraron el 97,5 % del volumen total, con 1.097 millones de kilos o litros. El dato de 24,38 kilos o litros por persona corresponde al conjunto del desperdicio, no solo al generado en los hogares.
Hay además un dato especialmente relacionado con el problema de los alimentos olvidados: el 77,6 % del desperdicio doméstico de 2024 correspondió a productos sin utilizar, 851,5 millones de kilos o litros. El MAPA incluye aquí alimentos que se tiran tal como se compraron, por causas como el deterioro o haber superado la fecha. Ese dato no permite decir qué parte se debe específicamente al olvido, pero sí muestra el peso de los productos que llegan a la basura sin haber sido utilizados.
Los cinco hábitos de un vistazo
| Hábito | El problema que resuelve | El gesto concreto |
|---|---|---|
| Una zona de «consumir primero» | Lo que vence pronto está disperso | Reservar un estante o caja visible, a la altura de los ojos |
| Ordenar por fecha | Ordenar por tipo esconde la urgencia | Lo que vence antes delante, lo nuevo al fondo |
| Respetar las zonas de frío | Una mala colocación puede favorecer la contaminación cruzada | Carne y pescado crudos por debajo de los alimentos cocinados o listos para el consumo |
| Hacer legible la fecha | Hay que sacar el producto para leerla | Quitar los embalajes exteriores y anotar las fechas de las sobras |
| Recibir un aviso | La memoria no basta para recordar todas las fechas | Una alerta antes del vencimiento |
1. Reserve una zona de «consumir primero»
El primer paso no es ordenar mejor, sino tener un único sitio donde mirar.
Elija un estante, una caja o una simple bandeja a la altura de los ojos y coloque ahí todo lo que debe consumirse antes. El valor no está en el orden en sí, sino en que cocinar empiece con una sola pregunta en lugar de un inventario completo.
Esa zona debe seguir siendo pequeña. Si acaba conteniendo buena parte de la nevera, deja de señalar qué conviene consumir primero.
Esta zona de «consumir primero» es una práctica de organización doméstica, no una denominación oficial de la AESAN. La idea es hacer visible en un solo lugar la decisión que normalmente queda repartida por toda la nevera.
2. Ordene por fecha, no solo por tipo de producto
Juntar los yogures con los yogures ayuda a encontrarlos, pero no dice nada sobre el tiempo que les queda. En una misma fila, nada distingue a simple vista el producto que vence mañana del que puede esperar tres semanas.
El principio es la rotación, y no es una invención doméstica: la AESAN lo formula así en sus recomendaciones para conservar los alimentos en la nevera, «sitúa delante los alimentos que tienes que consumir antes». Dicho al revés, la compra nueva va al fondo.
El momento decisivo es al guardar la compra, no al buscar algo para comer. Un paquete nuevo colocado delante tapa precisamente el que había que gastar.
Este hábito supone saber qué fecha se está leyendo. La fecha de caducidad y la de consumo preferente no significan lo mismo: una marca el límite de seguridad y la otra se refiere a la calidad del alimento. Si la distinción no está clara, la detallamos en nuestro artículo Caducidad o consumo preferente: la diferencia.
3. Respete las zonas de frío
Una nevera no es un espacio homogéneo, y la colocación de los alimentos importa para evitar contaminaciones.
La AESAN publica un orden concreto para la nevera doméstica, de arriba a abajo:
- Arriba: alimentos cocinados o listos para el consumo.
- Debajo: carnes y pescados crudos.
- En el cajón: frutas y verduras.
La lógica no es solo el frío, sino evitar la contaminación cruzada: lo crudo va por debajo de lo que ya está listo para comer, de modo que los líquidos que desprenda no puedan entrar en contacto con alimentos que no se van a cocinar. La AESAN recomienda además mantener separados los alimentos crudos de los cocinados, guardarlos en recipientes cerrados y descongelar en los niveles inferiores de la nevera.
Para el uso doméstico, la AESAN da dos referencias que convergen sobre la misma cifra. Pide asegurarse de que el frigorífico mantiene «la temperatura correcta (5 ºC o inferior)», y sus cinco claves de seguridad alimentaria recomiendan almacenar en refrigeración lo antes posible los alimentos cocinados y los perecederos, «preferiblemente por debajo de 5 ºC». Esto no significa regular el mando en una posición concreta: el mando no muestra grados y el fabricante puede indicar cómo alcanzar esa temperatura.
La razón está en la misma publicación: por debajo de 5 ºC el crecimiento microbiano se hace más lento o se detiene, aunque algunos microorganismos todavía pueden crecer por debajo de esa temperatura. El frío ralentiza, no esteriliza.
La puerta está más expuesta a variaciones de temperatura cada vez que se abre. Por prudencia, conviene reservarla para alimentos y bebidas que toleren mejor esas oscilaciones y evitar colocar allí los alimentos muy perecederos. Tampoco conviene abarrotar la nevera: el aire frío debe poder circular y la conservación debe ser lo más uniforme posible.
4. Haga legible la fecha sin sacar el producto
Muchos alimentos se olvidan porque leer su fecha obliga a sacarlos, darles la vuelta y volver a colocarlos.
Quite los embalajes exteriores que agrupan varias unidades. Eso deja las fechas más visibles y facilita identificar cada producto sin tener que manipularlo. El envase propio de cada alimento, en cambio, protege el producto y se queda.
Con lo abierto y lo cocinado, la fecha impresa ya no basta como referencia. Aquí también la AESAN es explícita: hay que refrigerar o congelar lo cocinado cuanto antes y «pon etiquetas con la fecha para saber cuándo se prepararon». Separarlo en porciones ayuda a que se enfríe antes.
Sin esa anotación, un recipiente acaba convirtiéndose en un alimento de antigüedad desconocida, y la duda suele terminar en la basura.
5. Que le avisen antes del vencimiento
Los cuatro primeros hábitos hacen más legible la nevera. Ninguno resuelve por sí solo el problema de fondo: las fechas se acumulan y la memoria no es un sistema de seguimiento fiable.
Eso es exactamente lo que hace una aplicación como Fecha Límite. Escanea el código de barras, registra la fecha una sola vez y recibe un aviso antes del vencimiento. La decisión se traslada al momento en que el alimento todavía puede aprovecharse, en lugar de llegar el día en que ya no es una opción.
La ganancia no es solo tirar menos, sino tirar menos por duda. Con un producto cuya fecha y conservación se conocen, resulta más fácil decidir qué hacer sin improvisar.
Lo que estos hábitos no sustituyen
Ni la nevera mejor organizada hace que un alimento dure indefinidamente.
Una fecha de caducidad superada sigue siendo un límite de seguridad, y la AESAN lo dice sin matices en sus cinco claves: «no consuma alimentos después de su fecha de caducidad». La AESAN identifica como grupos de riesgo frente a la listeriosis a las personas mayores de 65 años, las personas con el sistema inmune comprometido, las mujeres embarazadas y los neonatos, y los niños menores de 5 años. En estos casos, las medidas de prevención y conservación deben seguirse con especial cuidado.
Para el embarazo, la AESAN recomienda además respetar la fecha de consumo preferente o de caducidad indicada en la etiqueta para los alimentos cocinados que se compren ya preparados.
Si se ha roto la cadena de frío, o si el envase está hinchado o dañado, que el alimento tenga buen aspecto no basta para darlo por bueno.
Para un caso frecuente y a menudo mal resuelto, véase ¿Se puede comer un yogur caducado?
Lo esencial
Olvidar un alimento al fondo de la nevera es un problema de visibilidad y seguimiento, no de disciplina.
- Hacer visible la urgencia: una zona de «consumir primero», visible y deliberadamente pequeña, concentra la decisión en un solo sitio.
- Rotar al guardar la compra: lo que vence antes delante, lo nuevo al fondo.
- Respetar las zonas de frío: la AESAN ordena la nevera de arriba a abajo, con lo cocinado encima y lo crudo debajo, y recomienda descongelar en los niveles inferiores.
- Vigilar la temperatura: la AESAN pide un frigorífico a 5 ºC o inferior y recomienda refrigerar cuanto antes los alimentos cocinados y los perecederos.
- Mostrar las fechas: quitar los embalajes exteriores hace más legibles las fechas, y anotar las sobras evita tirarlas por duda.
- Programar un aviso: un aviso antes del vencimiento resuelve lo que el orden no puede resolver, la memoria.
Fuentes
- MAPA, el desperdicio alimentario en España se redujo un 4,4 % en 2024
- MAPA, datos del desperdicio alimentario en los hogares
- AESAN, Pon orden en tu nevera
- AESAN, Las Cinco Claves de la Seguridad Alimentaria
- AESAN, Alimentación segura durante el embarazo
- AESAN, Evita la listeriosis: consejos prácticos para grupos de riesgo
- EUR-Lex, Reglamento (UE) n.º 1169/2011 sobre la información alimentaria facilitada al consumidor
Preguntas frecuentes
¿Cómo dejar de olvidar alimentos en la nevera?
Dejando de confiar en la memoria. Bastan cinco hábitos: reservar una zona visible para lo que hay que consumir primero, ordenar por fecha y no solo por tipo de producto, respetar las zonas de frío, hacer legible la fecha sin sacar el producto y recibir un aviso antes del vencimiento.
¿Qué temperatura debe tener la nevera?
La AESAN pide asegurarse de que el frigorífico mantiene «la temperatura correcta (5 ºC o inferior)», y en sus cinco claves de seguridad alimentaria recomienda refrigerar los alimentos cocinados y los perecederos «preferiblemente por debajo de 5 ºC». El ajuste necesario para alcanzar esa temperatura depende del aparato y de las instrucciones del fabricante.
¿Dónde hay que colocar la carne y el pescado crudos?
Por debajo de los alimentos cocinados o listos para el consumo, en recipientes cerrados. La AESAN ordena la nevera de arriba a abajo así: primero lo cocinado o listo para comer, debajo las carnes y pescados crudos y las frutas y verduras en el cajón. La finalidad es evitar que los líquidos de los alimentos crudos entren en contacto con alimentos que no se van a cocinar.
¿Cuánta comida se tira en España?
Según el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, en 2024 se desperdiciaron 1.125 millones de kilos o litros de alimentos y bebidas. El 97,5 % del volumen total correspondió a los hogares, con 1.097 millones de kilos o litros. En el conjunto del desperdicio, el volumen equivalió a 24,38 kilos o litros por persona.
¿La compra nueva va delante o detrás?
Detrás. Delante va lo que tienes que consumir antes. La AESAN recomienda situar delante los alimentos que tienes que consumir antes, de modo que la compra nueva quede detrás.
¿Sirve un termómetro de nevera?
Sí, porque el mando de regulación indica una posición, no una temperatura en grados. Un termómetro independiente permite comprobar la temperatura que realmente alcanza el aparato, que puede variar según las condiciones de uso.
¿Qué hacer con lo abierto y con las sobras?
En esos casos conviene taparlos y anotar la fecha del día. La AESAN recomienda poner etiquetas con la fecha para saber cuándo se prepararon los alimentos cocinados.
¿Para qué una aplicación si la nevera está bien ordenada?
Porque el orden no resuelve la fecha por sí solo. Un aviso antes del vencimiento ayuda a recordar qué alimento conviene revisar cuando todavía puede aprovecharse.